miércoles, 11 de enero de 2012

Capítulo 15 - Terror

     Cuando abrió los ojos se encontraba sola. Gritó los nombres de sus amigos pero nadie le contestó. Se levantó, temerosa y con las piernas temblándole; tenía mucho miedo. ¿Se habrían ido sin ella? No, no era posible; sus amigos no la dejarían tirada y mucho menos en un mundo que no era el suyo. Volvió a vocear los nombres de sus amigos. Esta vez sí que hubo respuesta. Samantha oyó un gruñido bajo y susurró:
     -¿Sorend?
     Pero aquella criatura no era Sorend, y tampoco Nora. Escuchó cómo se removían los arbustos y las ramas de los árboles. Ahora no oyó un gruñido… oyó por lo menos cuatro aullidos. Sin dudarlo un momento, echó a correr hacia el bosque justo a tiempo para ver a la familia de dhyuns que se abalanzaban sobre ella. Los esquivó por los pelos y tuvo la ventaja de que uno cayó y rodó por el suelo, pero no le sirvió de mucho porque en un momento se puso en pie y comenzó una persecución tras la chica. Ella corría y corría pero los lobos cada vez estaban más cerca de ella. Oyó como un aullido de triunfo y notó cómo uno de esos dhyuns se abalanzaba sobre ella. Se giró. Tenía la cara del animal frente a la suya. Cerró los ojos y se concentró. En cuanto los volvió a abrir, la criatura ya no estaba allí, sino que estaba tirado unos metros más alejado de ella, con sus compañeros de caza mirándole. Pero entonces, uno de los lobos se giró hacia Samantha y le dedicó un gruñido teñido de sed de venganza. La bestia avanzó lentamente hacia ella mientras que los otros atendían al herido. A la joven le latía el corazón a mil por hora. Le cayeron gotas de saliva del animal a su rostro y notaba cómo el dhyun acercaba su enorme cabeza cada vez más a la de la chica…
      Se despertó sudando y con el corazón como si se le fuera a salir del pecho. Había sido una terrible pesadilla. Se aseguró de que sus amigos seguían estando allí y suspiró cuando vio que estaban todos dormidos. Intentó reparar su sueño pero no pudo; esos terribles pensamientos de la cacería que se había dado en su pesadilla poblaban su mente aún cuando ya había acabado; así que, se quedó despierta observando el cielo de Raiztd.
      Era un cielo negro, no azul oscuro como el de la Tierra y vio que no había satélites como la Luna en el firmamento, solo unas estrellas que brillaban con un tono violeta. También existía la posibilidad de que el satélite de allí no pudiera verse desde ese punto o que los árboles del bosque le taparan la vista. Samantha lo tuvo en cuenta, y es que, la astronomía le interesaba mucho y siempre le había parecido impresionante el universo que les rodeaba. Se preguntó entonces que si habría otros planetas que giraran en una órbita con Raiztd, como lo eran Saturno, Venus o la Tierra. Esperó para ver si en aquel extraño mundo había un sol o alguna estrella que diera luz a Raiztd, pero se llevó una decepción cuando vio que el cielo solo se ponía azul claro sin ser iluminado por nada. Aunque, en su cuarta expedición del cielo ya de día de Raiztd, encontró algo que le pareció increíble. Una especie de Saturno pero que se veía mucho más próximo que la Luna a la Tierra. Era simplemente maravilloso; un espectáculo extraordinario. Además, se podía apreciar fácilmente la rotación de los anillos de alrededor de aquel planeta tan cercano.
     Estaba sentada encima de aquella hierba tan extraña, observando con interés la especie de Saturno, cuando una mano en su hombro la sobresaltó. Se alivió al ver que era Nayn con aquella encantadora sonrisa. A Samantha se le escapó la risa floja cuando dijo:
     -Mírate. Llevas el pelo a lo estropajo.
     -Habló la señora del pelo ‘’funky’’ –replicó riéndose el chico.
     -¿Echaste algún peine en el equipaje?
     -Pues espera –dijo Nayn mientras revolvía su mochila-. ¡Mira por dónde! Parece que sí que fui un poco inteligente –sonrió sosteniendo en la mano el cepillo y el peine que había sacado.
     Samantha sonrió y acompañó al chico hasta la cascada para mojar el peine.
     -Toma –dijo Nayn mientras le daba el cepillo a la chica-. A mí me sobra con el peine.
     En un momento, Nayn dejó su pelo como siempre, pero a Samantha le costó más. Mientras miraba su reflejo en un remanso de agua, le echaba miradas a su compañero esperando ver en él una mueca de impaciencia, pero se sorprendió mucho al ver que se había sentado al lado del agua y se despejaba pacientemente. Cuando la chica terminó de arreglarse, le dijo a Nayn que la siguiera hasta un lugar más apartado para no despertar a los demás. Se alejaron de ellos y Samantha le contó con detalle el sueño que había tenido aquella noche. Nayn se quedó boquiabierto. Justo cuando terminó de contarle su pesadilla, oyeron un ruido por donde habían dejado a los demás.
      -¿Qué?... –dijo Samantha.
     Pero Nayn le hizo un gesto como de que se callara y ella obedeció; sacó la espada de su funda y se mantuvo en guardia. Pero una voz chillona los sobresaltó:
     -¿Chicos?
     Era la voz de Son. Samantha suspiró, después de ese terrible sueño todo podría causarle temor.
     -¡Hola! –saludó el chico al verlos-. Os estaba buscando. Sorend y Nora ya han despertado y me han mandado a buscaros. Vamos a partir ya hacia Even.
     Y en un instante, los ojos negros de Samantha y los del color del atardecer de Nayn se cruzaron, y un cosquilleo recorrió al chico por completo. Volvieron hacia su improvisado campamento y el fénix les dijo que irían ya hacia Even. Nayn recogió del suelo su mochila, como hizo Samantha; se pusieron en pie y se prepararon para el viaje hacia la ciudad raiztdiana.

Capítulo 14 - Una roca interesante

     Marcharon cuando ya la noche había caído. Hacía frío; más del que Nayn había imaginado al ver la temperatura durante el día en Raiztd. No tardó en ponerse la sudadera que llevaba en su mochila. Samantha y Son le imitaron.
     Tras unos minutos de caminata, los chicos llegaron hasta el Fent. Era impresionante. Una roca de color rojo fuego, como había descrito Nora, que se alzaba imponente. Era como un menhir solo que de aquel color tan vivo.
     En cuanto llegaron al claro donde estaba el Fent, Samantha sintió como un torrente de energía la inundaba. Entonces recordó que Nora también había dicho que esa especie de menhir renovaba por completo la magia de un mago, haciéndole sentir más poderoso aúny que por eso eran tan anhelados. Como Samantha era una nueva maga, esa sensación le encantó.
     A Son, el aroma que se respiraba allí, le recordaba a un ambientador de coche. Todo olía muy floral y sobre todo, natural.
    -Este es el Fent del que os hablaba –cortó el silencio Nora.
    Nayn, que llevaba la espada en un cinto, se dio cuenta de que ésta brillaba cuanto más se acercaba a aquella piedra tan extraña. La sacó de su funda y todos miraron, con asombro, el resplandor rojizo que se fusionaba con el del Fent. Aún más potente que antes; era un espectáculo al que casi no le podías dirigir su mirada por la intensidad de su luz.
     -Como pensaba… -comentó pensativo Sorend.
     Nayn le dirigió una mirada interrogativa.
     -Tu espada tiene relación en algo con esta roca –se explicó-. Creo que es por el elemento. Cada espada y cada Fent tienen un elemento que se caracterizan por el color de éstos. Si el elemento de un Fent y una espada coinciden, quiere decir que se complementan. Por ejemplo, de normal, Son habría ganado en un duelo de espada contra ti –Son sonrió-, pero ahora, como estás cerca de esta roca, que se complementa con tu espada, ganarías tú y aplastándolo.
     Los chicos se miraron entre ellos, pensativos.
     -Como los magos no tienen elemento, sino color –dijo Nora-, el Fent les proporciona igual energía aunque su magia sea de color diferente al de la roca.
     Samantha sabía que esa explicación iba para ella y no para los chicos. Asintió con la cabeza.
     -Samantha –dijo la grifo mirándola-, pon la mano en la roca.
     La chica lo hizo. Abrió mucho los ojos y sus amigos lo notaron. Nayn preguntó:
     -¿Estás bien?
     Samantha se separó de la piedra y respondió:
     -No me he sentido mejor.
     Y sonrió. Nayn se quedó aliviado, creía que le había pasado algo. Son no los estaba mirando, se entretenía con la hierba, que allí se movía sin necesidad de aire. Escuchó algo y se puso en pie de un salto y cogió su espada que estaba tirada un poco más allá.
     -He oído algo por allí –dijo señalando a unos arbustos que crecían a su alrededor, con los ojos entrecerrados.
     -No pasa nada –sonrió Nora-. Aquí, no solo la hierba está viva. Los arbustos también. Además, por la noche, los animales salvajes de Raiztd entran en una especie de mini-hibernación. Y dudo mucho que sea un dhyun, que dormitan en sus cuevas.
     -Volvamos a la cascada, os contaré lo que haremos mañana –cortó Sorend.
     Volvieron hacia allí, pero tuvieron complicaciones. Algunos arbustos les cortaron el paso y Nayn tuvo que utilizar su arma para abrirse paso. Pero al final llegaron.
     Una vez allí, Sorend empezó a hablar sobre lo que tenía planeado para hacer al día siguiente.
     -Tengo pensado que vayamos a Even, una ciudad de grifos que está cerca de aquí. Quiero que conozcáis un poco más la cultura raiztdiana. Lo difícil va a ser que la gente no se asuste al veros por ahí. Otra cosa que va a ser difícil será que no os ataquen en busca de venganza. Hay gente que familiares suyos viajaron a la Tierra y no regresaron porque los humanos los mataron por temor.
     Samantha palideció. No se imaginaba que pudiera morir a manos de una criatura tan ‘’irreal’’ como un grifo.
     -Pero no os preocupéis, sabéis manejar la espada, Samantha tiene el don de la magia y estaremos nosotros para protegeros de aquello con lo que os podáis enfrentar allí –los tranquilizó Nora.
     Nayn y Son asintieron, pero Samantha no lo tenía del todo claro. Aunque era aventurera, y en eso no la ganaba nadie, no podía evitar temer. Sin embargo, durmió toda la noche de un tirón sin pensar en ello.

viernes, 6 de enero de 2012

Capítulo 13 - Curación

Samantha corrió hacia Son, que estaba arrodillado delante de la cascada echándose agua encima del brazo al que la planta había rodeado y estrujado hacía unos minutos. Nayn y Nora la siguieron, con prisa.
Entonces, la grifo empezó a darle instrucciones a la chica:
-La curación es lo primero que se aprende en la magia, por eso, el lamentable estado del brazo de tu amigo va a ser bastante oportuno.
      Samantha asintió con la cabeza y esperó a que Nora prosiguiera.
-Lo primero que tienes que hacer es concentrarte. Seguidamente –prosiguió-, tendrás que canalizar tu energía hacia el brazo de tu amigo. No hace falta ni que lo toques ni que subas una mano. Solo ten en mente la imagen de la herida y será automático.
      Samantha se dispuso a curar el brazo de Son.
     -Arriba –le dijo la chica.
     Son obedeció. Samantha cerró los ojos y se concentró. No le hizo falta abrir los ojos ni mover un solo músculo para saber que estaba curando a Son, sobre todo por un grito de sorpresa del chico.
     Era un espectáculo impresionante: unos hilos de color verde esmeralda volaban por el aire hacia la herida, sanando poco a poco aquel color rojo que pintaba una buena parte del brazo del chico.
     -Ya está –dijo Samantha cuando la magia ya no corría.
     -Me… me siento muchísimo mejor –susurró Son boquiabierto.
     -De nada, ¿eh? –se burló la joven.
     -Gracias, gracias –se apresuró a decir.
     -Bueno, parece que os ha salido bien –les sobresaltó la voz de Sorend justo detrás de ellos.
     Los chicos sonrieron y asintieron con la cabeza a la vez. De algo estaban seguros: no volverían a coger una fruta sin saber qué efectos secundarios tenía.
     Nayn había estado observándolos cerca. Le había resultado fascinante, irreal, alucinante… En resumen, indescriptible. Además, el había captado la magia en al ambiente, aunque no la estuviera recibiendo, cosa que no habría hecho cualquier humano. Eso lo inquietaba y le hacía recordar los ojos de Iendo, el hermano de Nora. Cuando pensó en Iendo y Nora, se acordó de que el grifo le había enseñado algo. Algo que aún no sabía qué era, así que, no perdió tiempo y preguntó:
     -Nora, ¿qué fue aquello que te enseñó tu hermano?
     -Oh, sí, se me había olvidado por completo –respondió poniéndose la garra en la cabeza-. Era una roca de energía, son escasas en Raiztd y proporcionan un gran poder a los magos que están a su alrededor. Por eso has podido realizar la curación con tanta soltura, Samantha –añadió mirándola.
     -¿Podríamos ir a verla? –preguntó la chica, interesada.
     -Claro, pero esperaremos a que anochezca, es aún más impresionante por la noche. Las rocas de energía o Fents, como las llamamos en Raiztd -explicó-, tienen luz propia además de que desprenden menos poder por el día. La luz que producen es muy potente y suele ser de colores vivos, la de este Fent es de color rojo fuego.
     Samantha asintió, satisfecha y se preparó para la excursión echando a su mochila las frutas que antes habían cogido y que Sorend había dicho que eran comestibles. Nayn la ayudó, ya que ella estaba bastante débil por su primer hechizo mientras Son se tumbaba apartado de los demás y se ponía los cascos de su MP3 para oír música. Le encaba aquella canción. Por mucho que la escuchara no la aborrecía; era como beber agua. Se apartó un poco más porque se daba cuenta de que la cantaba en voz baja y cada vez le iba subiendo el tono y no quería que lo oyeran cantar aquello. No porque fuera una mala canción, no. Solo porque él cantaba muy bien pero no quería decírselo a sus amigos, aparte de su vergüenza.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Capítulo 12 - Entrega de magia

Se adentraron en la maleza; al principio les fue difícil hacerlo: estaba todo lleno de ramas puntiagudas, pero luego, todo aquel lío de árboles dejaban paso a un camino claramente marcado.
Iban mirando a los árboles que tenían fruta. Durante el camino cogieron unas cuantas y las metieron en la mochila de Samantha. Son puso especial atención en un fruto extraño. Era grande. Del tamaño de un balón de fútbol pero ovalado y de unos colores vivos: rojo, azul celeste y naranja. El chico avisó a sus amigos de aquello y echó a coger la fruta; crecía en un árbol pequeño con las hojas blanquecinas. Antes de que llegara a agarrarla, unas ramas flexibles de color claro se enroscaron en torno a su brazo derecho y lo oprimieron con fuerza. Son gimió e intentó liberarse, pero no pudo. Nayn cogió su espada de la espalda y cortó limpiamente aquella rama tan extraña. Ardió casi antes de que el arma la tocara. Son cayó al suelo aún con la rama aún en el brazo. Se la quitó rápidamente y se levantó la manga de la camiseta. Llevaba la marca dibujada con rojo claro.
-Vayámonos de aquí –dijo atemorizado-. Esto es más peligroso de lo que habíamos pensado.
Nayn y Samantha asintieron con la cabeza y corrieron detrás de Son, que se orientaba por el sonido de la cascada.
Llegaron allí y se sentaron en el suelo, derrengados y jadeando. Intentaron despertar a Nora y a Sorend que todavía estaban echados en el suelo. Nora se puso en pie en cuanto vio la marca que le había dejado la planta a Son.
-Oh, esto tiene mala pinta –dijo en voz baja.
Son estaba muy preocupado. Nora dirigió la vista a Sorend y lo zarandeó en un intento inútil de despertarlo.
-Samantha –dijo mirándola seriamente-. Creo que es una oportunidad óptima para que empieces a utilizar tus poderes.
Samantha asintió con la cabeza.
-Pero… -continuó la grifo-. Primero tengo que entregártelos.
-Cómo que... ¿Entregármelos? –dijo patidifusa la chica.
-Exacto –asintió.
Nayn observaba la conversación cerca de ellas. Son se había dirigido hacia la cascada y ahora se mojaba el brazo esperando que el dolor se aliviara un poco.
-Pero… ¿Cómo se hace eso? –preguntó Nayn.
-Es muy sencillo para los grifos –explicó Nora-. Somos la raza que más fácil lo tiene. Si hubiera sido Sorend quien te tendría que dar los poderes lo tendría crudo, sobre todo porque él no tiene poderes.
Samantha esperó a que prosiguiera en silencio.
-Cada criatura a la que le hayan dado el don de la magia tiene dos oportunidades para entregar poderes a otro. Si falla, perderá una de esas… “invitaciones a la magia”. Si no fracasa en su intento, también perderá una oportunidad, pero la persona a la que quería darle la magia también tendrá poderes y podrá consagrar a dos magos más. Así es la cadena de la magia.
>>A mí aún me quedan dos, pero ahora voy a intentar entregarte a ti parte de mi magia para que puedas ir desarrollándola poco a poco y para que puedas curar a tu amigo ahora.
Samantha volvió a asentir con la cabeza.
Nora se dispuso a darle energía cuando Sorend despertó.
-¿Qué pasa aquí? –preguntó con un bostezo.
-Voy a entregar parte de mi magia a Samantha, Son necesita atención de magia curativa.
El fénix asintió y dejó que Nora entregara poderes a la chica.
La grifo cerró los ojos y se puso frente a Samantha. La chica cerró también los ojos esperando a algún tipo de energía.
Los ojos de Nayn pudieron advertir cómo unas líneas que iban haciéndose gruesas por momentos pasaban del cuerpo de Nora al cuerpo de Samantha. Unas líneas curvas de color verde esmeralda que flotaban en el aire haciendo vibrar el ambiente. Alrededor de la energía de Nora también flotaban unas pequeñas esferas del mismo color pero de un tono verde más claro.
Entonces, las líneas y las esferas dejaron de fluir por el aire.
-Creo que ya está –dijo Nora-. Y creo que me ha salido bien –añadió con una sonrisa.
Samantha se miró las palmas de las manos y vio en torno a ellas un halo de color verdoso. Al ver aquello abrió mucho los ojos pero no dijo nada: las palabras no le salían de la boca.
-El verde será el color característico de tu magia –comentó la grifo-. Por ejemplo, mi color es el morado claro.
-¿Qué significa eso? –preguntó Nayn, que estaba mirando aquella escena muy interesado.
-El color de la magia de alguien dice qué clase de carácter tiene –explicó Sorend, caminando hacia los chicos otra vez.
-Exacto. Mi color significa que tengo un carácter fuerte y que jamás me rindo –asintió Nora.
-¿Y el mío? –preguntó Samantha.
-El verde… Oh, sí. El verde es un color que significa que eres curiosa y valiente. Uno de los mejores colores que te podrían haber tocado –explicó sonriendo.
Samantha correspondió a su sonrisa devolviéndosela. A la cabeza le vino el recuerdo de Son y al instante corrió hacia él, dispuesta a curar su brazo siguiendo las instrucciones que le daría la grifo.

Capítulo 11 - Ataque inminente

Samantha, Sorend y Nayn se durmieron. Sin embargo, Son estaba tan inmerso en sus pensamientos que no pudo.
Lo alertó el sonido de arbustos en movimiento. Al instante y como movido por un resorte cogió su espada con rapidez y se puso en guardia. Dando vueltas sobre él y muy atento; miraba hacia todos los arbustos esperando pacientemente.
Una criatura peluda se abalanzó sobre él con garras y dientes. Por suerte, llegó a tiempo de apartarse. Gritó porque aquel Dhyun le había sorprendido y Sorend y Nayn se despertaron. Sin embargo, Sorend se retiró y se limitó a animar a Nayn a que cogiera su espada y que ayudara a su amigo. No se dieron cuenta de que Samantha se había escondido detrás del fénix.
El bicho peludo rodó por el suelo. Era joven e inexperto. Nayn aprovechó el momento de la caída para asestarle un golpe con la espada. El Dhyun lo esquivó por los pelos y se puso en pie de un salto. Gruñó y los pelos de la espalda se le erizaron. Volvió a atacar, con las garras por delante. Esta vez fue Son quien intentó dar con su arma. A diferencia de Nayn, él sí que consiguió pegarle. La criatura gimió de dolor, pero no se derrumbó, sino que volvió a atacar; esta vez contra Nayn. Se puso en guardia porque lo vio venir, pero antes de que llegara lo suficientemente cerca del chico para que él contraatacara, cayó al suelo con un estruendo muy fuerte. El Dhyun gritó y gimió de dolor con unos alaridos ensordecedores. Y entonces, en el lugar donde Son había asestado el golpe, apareció una brecha oscura que se volvió de color negro tras unos segundos. La criatura, sorprendida, volvió a gritar, mientras que aquel agujero se lo tragaba lentamente y lo sumía en un sufrimiento insoportable.
Los chicos observaban a una prudente distancia la escena con los ojos muy abiertos.
Antes de que esa extraña brecha se tragara al Dhyun, gimió por última vez de dolor; un gemido que fue apagándose poco a poco. Y entonces, súbitamente, la criatura se volvió de un negro muy oscuro y desapareció, como por arte de magia.
Los chicos se volvieron hacia Sorend con las bocas y los ojos bien abiertos. El fénix asintió, como diciendo que aquello era un Dhyun, esa raza tan sangrienta, esa raza que acababa de intentar matarlos para sobrevivir. Pero ellos habían ganado. Nayn no había hecho gran cosa, pero si él no hubiera intervenido, tal vez ahora Son estaría en las fauces de aquella bestia en camino de la familia del Dhyun para ser digerido.
Entonces volvieron a todo correr Nora y Iendo de entre la maleza.
-¿Qué ha pasado? –exclamó Nora una vez habían llegado hasta donde estaban los chicos y el fénix.
-Que estos humanos han matado a un Dhyun, mi querida Nora –dijo Sorend con un tono sorprendido.
Nora abrió la boca para decir algo, pero no lo hizo. Oculta detrás de Sorend estaba Samantha, que había visto toda la pelea y ahora estaba hecha un ovillo sentada en el suelo. Estaba aterrorizada. Nunca había visto una criatura como aquella. Además, desde siempre los lobos le habían producido un terror irracional, lo que convertía a los Dhyuns en una raza terrible para ella.



Pasaron la noche allí. Cerca de la cascada dormía Nayn. Más alejados de ella descansaban Sorend y Nora. Son y Samantha dormían juntos lejos de la cascada y cerca del fuego que había hecho Sorend para que los chicos no tuvieran frío.
Iendo se había marchado tiempo atrás. A Nora no le habían preguntado qué le había enseñado su hermano; se lo preguntarían al día siguiente: tras el desconcierto de la pelea contra el Dhyun, nadie se había preocupado por cuestiones.
Cuando Nayn despertó se encontró húmedo: había dormido muy cerca de la cascada. Estaba incómodo, no le gustaba el agua y ahora la llevaba por todo el cuerpo, así que, decidió coger la espada y acercársela al cuerpo. Pensó que si de verdad era una espada ígnea le aportaría aunque solo fuera un poco de calor, el suficiente para que el agua se evaporara. Tras estar por fin seco, fue a despertar a Son. Decidieron coger sus espadas, colgárselas a las espaldas y salir a explorar un poco por ahí; antes, despertaron a Samantha. Cuando la chica se levantó por fin, se lavaron la cara con el agua de la cascada. Estaba fría pero reconfortaba.
Una vez se colgaron las espadas, emprendieron la marcha. Samantha se sentía segura con ellos dos a su lado, y más si llevaban sus armas, aunque ella aún no tenía.

Capítulo 10 - El hermano de Nora

-Los grifos somos una raza con una naturaleza muy curiosa –prosiguió Nora-, por esta razón nos encontrábamos con muchos problemas en Raiztd antiguamente. Tan curiosos éramos que divisamos una cueva; el hogar de unos Dhyuns, y no se nos ocurrió otra cosa que explorar allí. Esto nos pasó a mi familia y a mí cuando yo no tenía más de diez años. Imagínate; una masacre tremenda –estas y las siguientes palabras las pronunció con una sombra de tristeza en su voz-. Mis… mis padres murieron, mis hermanos también. Solo sobrevivimos mi hermano Iendo y yo.
Samantha se quedó atónita.
-Lo… lo siento –dijo la chica, con todo el respeto que pudo.
-No, lo siento yo, me he ido del tema radicalmente –respondió en voz baja Nora, aún con tristeza en sus palabras.
-No hace falta que sigas explicando tu raza -alivió a Nora Samantha después de un tenso silencio.
-Está bien, entonces te diré lo que tiene pensado Sorend hacer con vosotros para que podáis sobrevivir en Raiztd.
Tras que la grifo le explicara todo los de las espadas, prosiguió con lo que el fénix tenía pensado para ella.
Como es natural, Samantha se quedó muy sorprendida al escuchar aquello de las espadas. “En nuestro mundo no se lo creería nadie”, le había dicho tras oírlo.
Cuando la chica se tomó un tiempo para ordenar toda esa información en su cabeza, pidió que siguiera  explicando lo que tenía pensado Sorend para ella.
-Vale. Te sorprenderá oírlo pero… tú vas a tener poderes mágicos.
-Espera, espera… ¿Qué has dicho? –cuestionó ella, con sus ojos negros muy abiertos.
-Lo que has oído –respondió la grifo con una enigmática sonrisa.
No se lo terminaba de creer. Aquello era tan… tan irreal que parecía sacado de la mitología o de un libro de ficción.
Una chica maga, un chico con una espada ígnea y otro chico con una espada de oscuridad. Extraño. Simplemente extraño.



Los chicos y las criaturas se reunieron de nuevo en la cascada en la que estaban Nayn, Son y Sorend. Los amigos hablaron entre ellos de todo lo que habían aprendido del fénix y la grifo. Cuando Samantha les dijo que ella iba a tener poderes mágicos, Nayn y Son se quedaron realmente impresionados; pero más impresionada se quedó la chica cuando vio a Nayn utilizar la espada de fuego.
Entonces, un movimiento entre la maleza. Y apareció otro grifo. Mucho más grande que Nora. “Será un macho” pensó Son, y tenía razón. Era impresionante, más que la hembra pero menos que Sorend. ¿Qué iba a haber más impresionante que un fénix? Sin embargo, seguía siendo increíble. Tenía unas alas en apariencia más fuertes que las de Nora; unas garras más perfectas y una cola que podría hacer la función de cien escobas. Pero lo que más resaltaba eran sus ojos. Unos ojos en los que Nayn se fijó en cuanto los vio. Del mismo color que los del chico, pero con un brillo especial en ellos. Resultaban demasiado parecidos a los de él. Esto le resultó extraño a Samantha: que sus ojos se parecieran tanto. Pero ahora tocaba que aquel grifo se presentara.
-Nora –dijo, pero se interrumpió al ver a los chicos que estaban a su alrededor-. Espera un momento… ¿Son humanos? –añadió estupefacto, sin poner atención en Sorend.
-Sí. Estos son los humanos de los que hablan los adivinos –respondió Nora.
-Impresionante… -Opinó él.
-¿A qué has venido? –preguntó impaciente ella.
-¿Podrías venir a ver esto, por favor? -dijo sin responder a la pregunta.
La grifo miró a Sorend y a los niños. El fénix asintió y Nora siguió al otro grifo hacia la espesura.


Samantha se sentó en el suelo, y esta vez, dejó que la hierba se enredara entre sus dedos y jugueteara con ellos. Son la imitó, pero Nayn no. Estaba nervioso. Aquel grifo tenía los ojos muy parecidos a los suyos.
-Nayn, creo que deberías sentarte –dijo Sorend-. Voy a presentaros a ese grifo.
Nayn se sentó en el césped y le sorprendió que se moviera solo, pero no tardó en acostumbrarse.
-Aquel grifo es un macho, y el hermano de Nora. Se llama Iendo
“Como había supuesto” pensó Samantha.
-Solo quedan ellos dos de su familia, los demás murieron en una batalla contra unos Dhyuns –prosiguió.
-Sí, a mí me lo contó ella –cortó Samantha.
-Ya me lo había imaginado –replicó el fénix-. Pero, lo que no entiendo, es por qué le ha llamado ahora.
-Ha dicho que tenía que ver algo allí –respondió Son señalando hacia el lugar por donde se habían ido.
Samantha se tumbó en el césped y suspiró.
-Ya volverá, no os preocupéis –dijo ella con un nuevo suspiro.
Y Son volvió a seguir su ejemplo tumbándose en la hierba. Pero Nayn seguía inquieto.
-¿Qué te pasa, Nayn? –preguntó Samantha dándose cuenta de que estaba intranquilo.
-No puedo dejar de pensar en que Iendo tenía los ojos iguales a los míos –respondió en voz baja.
Samantha se incorporó y suspiró de nuevo.
-Ya aclararemos las dudas cuando lleguen ellos. Ahora descansa, hemos tenido un día movidito –dijo con una cálida sonrisa la chica.
-Tu amiga tiene razón. Nayn, descansa un poco –asintió a la vez que se tumbaba Sorend.
-Sí... -asintió, pero sin dejar de pensar en los ojos de aquel grifo.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Capítulo 9 - Espadas de otro mundo

Sorend se internó en la espesura de nuevo. Les dijo a los chicos que aguardaran a que él volviera.
Tras unos minutos, el fénix volvió de entre los árboles. Nayn y Son se quedaron atónitos cuando vieron lo que traía consigo.
Dos espadas tan relucientes que no parecían espadas normales, además de su extraño aspecto. No se parecían a las que habían imaginado los chicos, ellos pensaban que iba a traer algo medieval y rudimentario, para la sorpresa de los amigos, las armas no eran así.
El fénix se dispuso a darle una a cada uno.
La que entregó a Son era de color oscuro, muy negro. Tenía una empuñadura que a primera vista parecía dura, pero pronto, Son descubrió que las apariencias engañan más en Raiztd que en la Tierra. El arma parecía pesada e incómoda pero era todo lo contrario. Se quedó estupefacto. Su filo era de una forma extraña, aunque raramente familiar hacia el chico, su aspecto lo hacía amenazador, ya que parecía una especie de acumulación de oscuridad, con la punta afilada y los bordes extrañamente lisos. La probó dándole una estocada con todas sus fuerzas al tronco de un árbol joven. Lo cortó en dos partes. Otra vez, Son se sorprendió. Pero ahora era el turno de Nayn.
El fénix entregó a Nayn una espada de color un color naranja que recordaba mucho al de sus ojos, el color del atardecer. La espada de Nayn tenía un aspecto más amenazador que la de Son. Tenía un filo con forma semejante al de las llamas del fuego. Los chicos no sabían si aquello de que cada una de las espadas se pareciera a un elemento significaba algo. Nayn cogió al arma entre sus manos y sintió como si un torrente de energía le invadiera por dentro. No pudo evitarlo. Asestó un fuerte golpe contra el suelo. Una pequeña onda expansiva de fuego salto y quemó una parte del césped que estaba alrededor del lugar donde Nayn había dado aquel golpe con su espada.
El chico abrió los ojos de par en par y exclamó:
-¡Impresionante!
-Ya te digo… -dijo, a una distancia prudente, Son.
-He hecho bien entregándote a ti la espada de fuego –sonrió Sorend. ¿Y tú? ¿He hecho bien en darte esa? –miró a Son.
-Ehm… No sé cómo se utiliza –confesó.
-Tu amigo tampoco sabía y ha quemado el suelo –dijo el fénix con retintín.
-Eso es cierto, pero yo solo he partido el tronco de un árbol joven, sin causarle efectos secundarios, y mi espada parece de oscuridad –objetó él.
Sorend sonrió.
-¿En serio lo crees? –dijo, con un tono que hizo estremecer a los chicos.
-¡Son, mira aquello! –gritó Nayn señalando hacia donde estaba el árbol partido al que el chico le había dado con la espada.
Son abrió los ojos de par en par.
La planta que había estado allí sin hacer ningún mal, ahora estaba negra y se deshacía en el aire, como consumida por un agujero negro invisible para ellos.
-Retiro todo lo que he dicho –se disculpó Son.
Y miró a su espada y sonrió con diversión.
-Esta espada me va a gustar –volvió a sonreír el joven.
-Y a mí también la mía, Son –lo miró Nayn.
Y Son rió por lo bajo, de una forma, que hizo estremecer al mismísimo Sorend. Él no sabía qué significaba esa aterradora risa, pero no parecía tener nada de bueno. Sin embargo, Nayn conocía a la perfección a su amigo. Sabía que él no haría nada malo, era un “trozo de pan”, como él lo llamaba en ocasiones.
Antes de que el fénix pudiera darse cuenta, Nayn y Son ya habían vuelto a coger sus espadas. Al unísono y señalándose el uno al otro, dijeron:
-¡Quiero batirme en un duelo con él!
Sorend se quedó tan atónito de aquella reacción que tuvieron los chicos, que no tuvo más remedio que sonreír y decir, con tono un poco socarrón:
-Está bien pero cuidado de no mataros.
Y los chicos se enzarzaron en una pelea en el que la oscuridad y el fuego de aquellas extrañas espadas “tenían luz propia”.
Los aceros chocaron el uno contar el otro haciendo saltar chispas y unas esferas que flotaban, que eran negras y recordaban mucho al petróleo. Fue una lucha encarnizada. No quedó vencedor ninguno de los dos, simplemente quedaron empate.
-Eres bueno –confesó Son; sonriendo.
-Tú tampoco eres malo –rió Nayn.
-Sois buenos –y este “sois” que dijo Sorend lo resaltó notablemente-. Más buenos de lo que yo pensaba. Parecéis instruidos desde antes… ¿habéis tenido alguna experiencia?
-La verdad es que no… -confesó Nayn.
-Bueno… yo una vez fui de excursión a un castillo medieval y… cogí una espada sin que nadie se diera cuenta y destrocé un árbol de fuera –dijo Son.
-¡Claro! Por eso se montó todo ese revuelo.
Nayn le dio un suave empujón a su amigo en señal de broma.
-Ay, qué chico… -se rió por lo bajo Sorend.