domingo, 25 de diciembre de 2011

Capítulo 12 - Entrega de magia

Se adentraron en la maleza; al principio les fue difícil hacerlo: estaba todo lleno de ramas puntiagudas, pero luego, todo aquel lío de árboles dejaban paso a un camino claramente marcado.
Iban mirando a los árboles que tenían fruta. Durante el camino cogieron unas cuantas y las metieron en la mochila de Samantha. Son puso especial atención en un fruto extraño. Era grande. Del tamaño de un balón de fútbol pero ovalado y de unos colores vivos: rojo, azul celeste y naranja. El chico avisó a sus amigos de aquello y echó a coger la fruta; crecía en un árbol pequeño con las hojas blanquecinas. Antes de que llegara a agarrarla, unas ramas flexibles de color claro se enroscaron en torno a su brazo derecho y lo oprimieron con fuerza. Son gimió e intentó liberarse, pero no pudo. Nayn cogió su espada de la espalda y cortó limpiamente aquella rama tan extraña. Ardió casi antes de que el arma la tocara. Son cayó al suelo aún con la rama aún en el brazo. Se la quitó rápidamente y se levantó la manga de la camiseta. Llevaba la marca dibujada con rojo claro.
-Vayámonos de aquí –dijo atemorizado-. Esto es más peligroso de lo que habíamos pensado.
Nayn y Samantha asintieron con la cabeza y corrieron detrás de Son, que se orientaba por el sonido de la cascada.
Llegaron allí y se sentaron en el suelo, derrengados y jadeando. Intentaron despertar a Nora y a Sorend que todavía estaban echados en el suelo. Nora se puso en pie en cuanto vio la marca que le había dejado la planta a Son.
-Oh, esto tiene mala pinta –dijo en voz baja.
Son estaba muy preocupado. Nora dirigió la vista a Sorend y lo zarandeó en un intento inútil de despertarlo.
-Samantha –dijo mirándola seriamente-. Creo que es una oportunidad óptima para que empieces a utilizar tus poderes.
Samantha asintió con la cabeza.
-Pero… -continuó la grifo-. Primero tengo que entregártelos.
-Cómo que... ¿Entregármelos? –dijo patidifusa la chica.
-Exacto –asintió.
Nayn observaba la conversación cerca de ellas. Son se había dirigido hacia la cascada y ahora se mojaba el brazo esperando que el dolor se aliviara un poco.
-Pero… ¿Cómo se hace eso? –preguntó Nayn.
-Es muy sencillo para los grifos –explicó Nora-. Somos la raza que más fácil lo tiene. Si hubiera sido Sorend quien te tendría que dar los poderes lo tendría crudo, sobre todo porque él no tiene poderes.
Samantha esperó a que prosiguiera en silencio.
-Cada criatura a la que le hayan dado el don de la magia tiene dos oportunidades para entregar poderes a otro. Si falla, perderá una de esas… “invitaciones a la magia”. Si no fracasa en su intento, también perderá una oportunidad, pero la persona a la que quería darle la magia también tendrá poderes y podrá consagrar a dos magos más. Así es la cadena de la magia.
>>A mí aún me quedan dos, pero ahora voy a intentar entregarte a ti parte de mi magia para que puedas ir desarrollándola poco a poco y para que puedas curar a tu amigo ahora.
Samantha volvió a asentir con la cabeza.
Nora se dispuso a darle energía cuando Sorend despertó.
-¿Qué pasa aquí? –preguntó con un bostezo.
-Voy a entregar parte de mi magia a Samantha, Son necesita atención de magia curativa.
El fénix asintió y dejó que Nora entregara poderes a la chica.
La grifo cerró los ojos y se puso frente a Samantha. La chica cerró también los ojos esperando a algún tipo de energía.
Los ojos de Nayn pudieron advertir cómo unas líneas que iban haciéndose gruesas por momentos pasaban del cuerpo de Nora al cuerpo de Samantha. Unas líneas curvas de color verde esmeralda que flotaban en el aire haciendo vibrar el ambiente. Alrededor de la energía de Nora también flotaban unas pequeñas esferas del mismo color pero de un tono verde más claro.
Entonces, las líneas y las esferas dejaron de fluir por el aire.
-Creo que ya está –dijo Nora-. Y creo que me ha salido bien –añadió con una sonrisa.
Samantha se miró las palmas de las manos y vio en torno a ellas un halo de color verdoso. Al ver aquello abrió mucho los ojos pero no dijo nada: las palabras no le salían de la boca.
-El verde será el color característico de tu magia –comentó la grifo-. Por ejemplo, mi color es el morado claro.
-¿Qué significa eso? –preguntó Nayn, que estaba mirando aquella escena muy interesado.
-El color de la magia de alguien dice qué clase de carácter tiene –explicó Sorend, caminando hacia los chicos otra vez.
-Exacto. Mi color significa que tengo un carácter fuerte y que jamás me rindo –asintió Nora.
-¿Y el mío? –preguntó Samantha.
-El verde… Oh, sí. El verde es un color que significa que eres curiosa y valiente. Uno de los mejores colores que te podrían haber tocado –explicó sonriendo.
Samantha correspondió a su sonrisa devolviéndosela. A la cabeza le vino el recuerdo de Son y al instante corrió hacia él, dispuesta a curar su brazo siguiendo las instrucciones que le daría la grifo.

Capítulo 11 - Ataque inminente

Samantha, Sorend y Nayn se durmieron. Sin embargo, Son estaba tan inmerso en sus pensamientos que no pudo.
Lo alertó el sonido de arbustos en movimiento. Al instante y como movido por un resorte cogió su espada con rapidez y se puso en guardia. Dando vueltas sobre él y muy atento; miraba hacia todos los arbustos esperando pacientemente.
Una criatura peluda se abalanzó sobre él con garras y dientes. Por suerte, llegó a tiempo de apartarse. Gritó porque aquel Dhyun le había sorprendido y Sorend y Nayn se despertaron. Sin embargo, Sorend se retiró y se limitó a animar a Nayn a que cogiera su espada y que ayudara a su amigo. No se dieron cuenta de que Samantha se había escondido detrás del fénix.
El bicho peludo rodó por el suelo. Era joven e inexperto. Nayn aprovechó el momento de la caída para asestarle un golpe con la espada. El Dhyun lo esquivó por los pelos y se puso en pie de un salto. Gruñó y los pelos de la espalda se le erizaron. Volvió a atacar, con las garras por delante. Esta vez fue Son quien intentó dar con su arma. A diferencia de Nayn, él sí que consiguió pegarle. La criatura gimió de dolor, pero no se derrumbó, sino que volvió a atacar; esta vez contra Nayn. Se puso en guardia porque lo vio venir, pero antes de que llegara lo suficientemente cerca del chico para que él contraatacara, cayó al suelo con un estruendo muy fuerte. El Dhyun gritó y gimió de dolor con unos alaridos ensordecedores. Y entonces, en el lugar donde Son había asestado el golpe, apareció una brecha oscura que se volvió de color negro tras unos segundos. La criatura, sorprendida, volvió a gritar, mientras que aquel agujero se lo tragaba lentamente y lo sumía en un sufrimiento insoportable.
Los chicos observaban a una prudente distancia la escena con los ojos muy abiertos.
Antes de que esa extraña brecha se tragara al Dhyun, gimió por última vez de dolor; un gemido que fue apagándose poco a poco. Y entonces, súbitamente, la criatura se volvió de un negro muy oscuro y desapareció, como por arte de magia.
Los chicos se volvieron hacia Sorend con las bocas y los ojos bien abiertos. El fénix asintió, como diciendo que aquello era un Dhyun, esa raza tan sangrienta, esa raza que acababa de intentar matarlos para sobrevivir. Pero ellos habían ganado. Nayn no había hecho gran cosa, pero si él no hubiera intervenido, tal vez ahora Son estaría en las fauces de aquella bestia en camino de la familia del Dhyun para ser digerido.
Entonces volvieron a todo correr Nora y Iendo de entre la maleza.
-¿Qué ha pasado? –exclamó Nora una vez habían llegado hasta donde estaban los chicos y el fénix.
-Que estos humanos han matado a un Dhyun, mi querida Nora –dijo Sorend con un tono sorprendido.
Nora abrió la boca para decir algo, pero no lo hizo. Oculta detrás de Sorend estaba Samantha, que había visto toda la pelea y ahora estaba hecha un ovillo sentada en el suelo. Estaba aterrorizada. Nunca había visto una criatura como aquella. Además, desde siempre los lobos le habían producido un terror irracional, lo que convertía a los Dhyuns en una raza terrible para ella.



Pasaron la noche allí. Cerca de la cascada dormía Nayn. Más alejados de ella descansaban Sorend y Nora. Son y Samantha dormían juntos lejos de la cascada y cerca del fuego que había hecho Sorend para que los chicos no tuvieran frío.
Iendo se había marchado tiempo atrás. A Nora no le habían preguntado qué le había enseñado su hermano; se lo preguntarían al día siguiente: tras el desconcierto de la pelea contra el Dhyun, nadie se había preocupado por cuestiones.
Cuando Nayn despertó se encontró húmedo: había dormido muy cerca de la cascada. Estaba incómodo, no le gustaba el agua y ahora la llevaba por todo el cuerpo, así que, decidió coger la espada y acercársela al cuerpo. Pensó que si de verdad era una espada ígnea le aportaría aunque solo fuera un poco de calor, el suficiente para que el agua se evaporara. Tras estar por fin seco, fue a despertar a Son. Decidieron coger sus espadas, colgárselas a las espaldas y salir a explorar un poco por ahí; antes, despertaron a Samantha. Cuando la chica se levantó por fin, se lavaron la cara con el agua de la cascada. Estaba fría pero reconfortaba.
Una vez se colgaron las espadas, emprendieron la marcha. Samantha se sentía segura con ellos dos a su lado, y más si llevaban sus armas, aunque ella aún no tenía.

Capítulo 10 - El hermano de Nora

-Los grifos somos una raza con una naturaleza muy curiosa –prosiguió Nora-, por esta razón nos encontrábamos con muchos problemas en Raiztd antiguamente. Tan curiosos éramos que divisamos una cueva; el hogar de unos Dhyuns, y no se nos ocurrió otra cosa que explorar allí. Esto nos pasó a mi familia y a mí cuando yo no tenía más de diez años. Imagínate; una masacre tremenda –estas y las siguientes palabras las pronunció con una sombra de tristeza en su voz-. Mis… mis padres murieron, mis hermanos también. Solo sobrevivimos mi hermano Iendo y yo.
Samantha se quedó atónita.
-Lo… lo siento –dijo la chica, con todo el respeto que pudo.
-No, lo siento yo, me he ido del tema radicalmente –respondió en voz baja Nora, aún con tristeza en sus palabras.
-No hace falta que sigas explicando tu raza -alivió a Nora Samantha después de un tenso silencio.
-Está bien, entonces te diré lo que tiene pensado Sorend hacer con vosotros para que podáis sobrevivir en Raiztd.
Tras que la grifo le explicara todo los de las espadas, prosiguió con lo que el fénix tenía pensado para ella.
Como es natural, Samantha se quedó muy sorprendida al escuchar aquello de las espadas. “En nuestro mundo no se lo creería nadie”, le había dicho tras oírlo.
Cuando la chica se tomó un tiempo para ordenar toda esa información en su cabeza, pidió que siguiera  explicando lo que tenía pensado Sorend para ella.
-Vale. Te sorprenderá oírlo pero… tú vas a tener poderes mágicos.
-Espera, espera… ¿Qué has dicho? –cuestionó ella, con sus ojos negros muy abiertos.
-Lo que has oído –respondió la grifo con una enigmática sonrisa.
No se lo terminaba de creer. Aquello era tan… tan irreal que parecía sacado de la mitología o de un libro de ficción.
Una chica maga, un chico con una espada ígnea y otro chico con una espada de oscuridad. Extraño. Simplemente extraño.



Los chicos y las criaturas se reunieron de nuevo en la cascada en la que estaban Nayn, Son y Sorend. Los amigos hablaron entre ellos de todo lo que habían aprendido del fénix y la grifo. Cuando Samantha les dijo que ella iba a tener poderes mágicos, Nayn y Son se quedaron realmente impresionados; pero más impresionada se quedó la chica cuando vio a Nayn utilizar la espada de fuego.
Entonces, un movimiento entre la maleza. Y apareció otro grifo. Mucho más grande que Nora. “Será un macho” pensó Son, y tenía razón. Era impresionante, más que la hembra pero menos que Sorend. ¿Qué iba a haber más impresionante que un fénix? Sin embargo, seguía siendo increíble. Tenía unas alas en apariencia más fuertes que las de Nora; unas garras más perfectas y una cola que podría hacer la función de cien escobas. Pero lo que más resaltaba eran sus ojos. Unos ojos en los que Nayn se fijó en cuanto los vio. Del mismo color que los del chico, pero con un brillo especial en ellos. Resultaban demasiado parecidos a los de él. Esto le resultó extraño a Samantha: que sus ojos se parecieran tanto. Pero ahora tocaba que aquel grifo se presentara.
-Nora –dijo, pero se interrumpió al ver a los chicos que estaban a su alrededor-. Espera un momento… ¿Son humanos? –añadió estupefacto, sin poner atención en Sorend.
-Sí. Estos son los humanos de los que hablan los adivinos –respondió Nora.
-Impresionante… -Opinó él.
-¿A qué has venido? –preguntó impaciente ella.
-¿Podrías venir a ver esto, por favor? -dijo sin responder a la pregunta.
La grifo miró a Sorend y a los niños. El fénix asintió y Nora siguió al otro grifo hacia la espesura.


Samantha se sentó en el suelo, y esta vez, dejó que la hierba se enredara entre sus dedos y jugueteara con ellos. Son la imitó, pero Nayn no. Estaba nervioso. Aquel grifo tenía los ojos muy parecidos a los suyos.
-Nayn, creo que deberías sentarte –dijo Sorend-. Voy a presentaros a ese grifo.
Nayn se sentó en el césped y le sorprendió que se moviera solo, pero no tardó en acostumbrarse.
-Aquel grifo es un macho, y el hermano de Nora. Se llama Iendo
“Como había supuesto” pensó Samantha.
-Solo quedan ellos dos de su familia, los demás murieron en una batalla contra unos Dhyuns –prosiguió.
-Sí, a mí me lo contó ella –cortó Samantha.
-Ya me lo había imaginado –replicó el fénix-. Pero, lo que no entiendo, es por qué le ha llamado ahora.
-Ha dicho que tenía que ver algo allí –respondió Son señalando hacia el lugar por donde se habían ido.
Samantha se tumbó en el césped y suspiró.
-Ya volverá, no os preocupéis –dijo ella con un nuevo suspiro.
Y Son volvió a seguir su ejemplo tumbándose en la hierba. Pero Nayn seguía inquieto.
-¿Qué te pasa, Nayn? –preguntó Samantha dándose cuenta de que estaba intranquilo.
-No puedo dejar de pensar en que Iendo tenía los ojos iguales a los míos –respondió en voz baja.
Samantha se incorporó y suspiró de nuevo.
-Ya aclararemos las dudas cuando lleguen ellos. Ahora descansa, hemos tenido un día movidito –dijo con una cálida sonrisa la chica.
-Tu amiga tiene razón. Nayn, descansa un poco –asintió a la vez que se tumbaba Sorend.
-Sí... -asintió, pero sin dejar de pensar en los ojos de aquel grifo.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Capítulo 9 - Espadas de otro mundo

Sorend se internó en la espesura de nuevo. Les dijo a los chicos que aguardaran a que él volviera.
Tras unos minutos, el fénix volvió de entre los árboles. Nayn y Son se quedaron atónitos cuando vieron lo que traía consigo.
Dos espadas tan relucientes que no parecían espadas normales, además de su extraño aspecto. No se parecían a las que habían imaginado los chicos, ellos pensaban que iba a traer algo medieval y rudimentario, para la sorpresa de los amigos, las armas no eran así.
El fénix se dispuso a darle una a cada uno.
La que entregó a Son era de color oscuro, muy negro. Tenía una empuñadura que a primera vista parecía dura, pero pronto, Son descubrió que las apariencias engañan más en Raiztd que en la Tierra. El arma parecía pesada e incómoda pero era todo lo contrario. Se quedó estupefacto. Su filo era de una forma extraña, aunque raramente familiar hacia el chico, su aspecto lo hacía amenazador, ya que parecía una especie de acumulación de oscuridad, con la punta afilada y los bordes extrañamente lisos. La probó dándole una estocada con todas sus fuerzas al tronco de un árbol joven. Lo cortó en dos partes. Otra vez, Son se sorprendió. Pero ahora era el turno de Nayn.
El fénix entregó a Nayn una espada de color un color naranja que recordaba mucho al de sus ojos, el color del atardecer. La espada de Nayn tenía un aspecto más amenazador que la de Son. Tenía un filo con forma semejante al de las llamas del fuego. Los chicos no sabían si aquello de que cada una de las espadas se pareciera a un elemento significaba algo. Nayn cogió al arma entre sus manos y sintió como si un torrente de energía le invadiera por dentro. No pudo evitarlo. Asestó un fuerte golpe contra el suelo. Una pequeña onda expansiva de fuego salto y quemó una parte del césped que estaba alrededor del lugar donde Nayn había dado aquel golpe con su espada.
El chico abrió los ojos de par en par y exclamó:
-¡Impresionante!
-Ya te digo… -dijo, a una distancia prudente, Son.
-He hecho bien entregándote a ti la espada de fuego –sonrió Sorend. ¿Y tú? ¿He hecho bien en darte esa? –miró a Son.
-Ehm… No sé cómo se utiliza –confesó.
-Tu amigo tampoco sabía y ha quemado el suelo –dijo el fénix con retintín.
-Eso es cierto, pero yo solo he partido el tronco de un árbol joven, sin causarle efectos secundarios, y mi espada parece de oscuridad –objetó él.
Sorend sonrió.
-¿En serio lo crees? –dijo, con un tono que hizo estremecer a los chicos.
-¡Son, mira aquello! –gritó Nayn señalando hacia donde estaba el árbol partido al que el chico le había dado con la espada.
Son abrió los ojos de par en par.
La planta que había estado allí sin hacer ningún mal, ahora estaba negra y se deshacía en el aire, como consumida por un agujero negro invisible para ellos.
-Retiro todo lo que he dicho –se disculpó Son.
Y miró a su espada y sonrió con diversión.
-Esta espada me va a gustar –volvió a sonreír el joven.
-Y a mí también la mía, Son –lo miró Nayn.
Y Son rió por lo bajo, de una forma, que hizo estremecer al mismísimo Sorend. Él no sabía qué significaba esa aterradora risa, pero no parecía tener nada de bueno. Sin embargo, Nayn conocía a la perfección a su amigo. Sabía que él no haría nada malo, era un “trozo de pan”, como él lo llamaba en ocasiones.
Antes de que el fénix pudiera darse cuenta, Nayn y Son ya habían vuelto a coger sus espadas. Al unísono y señalándose el uno al otro, dijeron:
-¡Quiero batirme en un duelo con él!
Sorend se quedó tan atónito de aquella reacción que tuvieron los chicos, que no tuvo más remedio que sonreír y decir, con tono un poco socarrón:
-Está bien pero cuidado de no mataros.
Y los chicos se enzarzaron en una pelea en el que la oscuridad y el fuego de aquellas extrañas espadas “tenían luz propia”.
Los aceros chocaron el uno contar el otro haciendo saltar chispas y unas esferas que flotaban, que eran negras y recordaban mucho al petróleo. Fue una lucha encarnizada. No quedó vencedor ninguno de los dos, simplemente quedaron empate.
-Eres bueno –confesó Son; sonriendo.
-Tú tampoco eres malo –rió Nayn.
-Sois buenos –y este “sois” que dijo Sorend lo resaltó notablemente-. Más buenos de lo que yo pensaba. Parecéis instruidos desde antes… ¿habéis tenido alguna experiencia?
-La verdad es que no… -confesó Nayn.
-Bueno… yo una vez fui de excursión a un castillo medieval y… cogí una espada sin que nadie se diera cuenta y destrocé un árbol de fuera –dijo Son.
-¡Claro! Por eso se montó todo ese revuelo.
Nayn le dio un suave empujón a su amigo en señal de broma.
-Ay, qué chico… -se rió por lo bajo Sorend.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Capítulo 8 - Tras la llegada, sorpresas y más explicaciones

Sorend se llevó a los chicos a una cascada que no había muy lejos del sitio donde habían aterrizado después del viaje en esa extraña espiral de tonos morados.
Llegaron tras media hora de caminata por aquel bosque en el que se respiraba un aire muy puro, mucho más puro que el de la Tierra.
Los árboles dejaban de crecer para dar paso hacia la cascada. Era un lugar maravilloso. No había árboles en ese sitio, solo alrededor.
Una cascada inmensa se abría ante ellos dejando caer el agua con un estruendo ensordecedor.
-Hemos llegado –dijo Sorend, una vez paró de caminar.
-Este lugar es increíble –comentó Son.
-Lo sé, y así de increíbles son la mayoría de lugares de mi mundo.
Nayn sonrió. Le gustaba mucho aquel aire tan puro, así que, respiró profundamente, renovándose por dentro. Volvió a la realidad cuando Sorend les dijo, con una enigmática sonrisa:
-¿Queréis aprender a usar la espada?
No sabían qué decir. Era sorprendente que fueran a aprender a luchar, y más con un arma así de rudimentaria como era una espada.
-Ehm… ¿en serio? –dijo dudoso Nayn.
-Por supuesto. Tendréis que defenderos de los peligros que os acechan. Ganaréis enemigos durante vuestros numerosos viajes, además de que habrá gente que quiera eliminaros por ser humanos. Imaginaos, venís de otro mundo. Lo más posible es que os tomen como una amenaza y quieran ponerse a salvo. Tendréis que aprender a defenderos, la gente de Raiztd no es muy razonable y mucho menos los Dhyuns, que pueblan mucho territorio aquí.
-Por mí de acuerdo –sonrió Son-. Pero, ¿qué pasa con Samantha?
Sorend les dedicó una sonrisa tan enigmática que hizo estremecer a los chicos.
-Para ella tengo otros planes, Nora le informará de ello.



-Bien, Samantha, la raza que te explicaré ahora van a ser los Dhyuns, ¿de acuerdo?
-Adelante –dijo la chica decidida.
-Los Dhyuns también tienen mucha historia, no tanta como los Leviatanes, pero sí una evolución parecida… en algún sentido.
>>Poblaron Raiztd tras los dragones acuáticos de los que ya te hablé. Se dice que venían de otro mundo, pero son leyendas, no te fíes mucho. El caso es, que cuando llegaron, se encontraron con muchas dificultades por los ya habitantes de mi mundo, los Leviatanes. Luchaban constantemente por tierras y otras veces por sobrevivir. Los dragones acuáticos, cuando no encontraban comida bajo el agua, atacaban a los Dhyuns con todo lo que tenían y en manadas, para cazar. Así que, esta especie de hombres-lobo tuvo que hacerse el doble de violentas y fuertes y evolucionaron de tal manera que mataron a numerosos Leviatanes y así fue cómo se ganaron una buena posición y mucho respeto entre las razas que actualmente poblamos Raiztd. Será mejor que no os encontréis con muchos de ellos.
>>Son, como ya te he dicho, una especie de hombres-lobo, como lo llamáis en vuestro planeta, pero mucho más adelantados. Tienen unas garras que podrían desgarrar a la más fuerte criatura de Raiztd y vuestra tierra; unas mandíbulas que podrían masticar la carne más dura de cualquiera criatura; y unas orejas que podrían escuchar como una ramita se parte bajo los pies de su próxima víctima.
>>Son una raza extremadamente peligrosa; será mejor que no os busquéis muchos enemigos Dhyuns, porque si no, posiblemente estaréis perdidos.
A Samantha cada vez le parecía más interesante la historia de aquel mundo que tenía bajo sus pies. Se preguntaba qué peligros se les avecinaban, cómo les iría en aquel viaje que había mencionado Nora cuando habían estado caminando para llegar a aquel claro en el bosque donde ahora estaba sentada.
Se dio cuenta después de que la hierba que crecía allí no necesitaba una brisa para moverse, lo hacía curiosamente sola. Esto desconcertó a la chica al principio, ya que, se enredaba entre su mano cuando ella se apoyaba allí. Pero Nora la tranquilizó jugueteando un poco con las plantas, que la dejaron en paz, como si la grifo les hubiera dicho algo.
-Si te parece bien seguiré con la historia de los grifos, es la que más conozco –dijo con un toque de ironía en sus palabras.
-Vale, me parece bien.

martes, 6 de diciembre de 2011

Capítulo 7 - Llegada a Raiztd

Pareció que todo se paraba a su alrededor. Y así era. Los pájaros estaban suspendidos en el aire, sin mover las alas pero ahí; las hojas de los árboles se detuvieron, ya no flotaban con el aire ni se movían por la brisa. Entonces todo pareció dar vueltas y vueltas y cuando quisieron darse cuenta estaban de pie en una espiral morada que giraba en torno a ellos, haciéndolos estremecer. Cuando terminó de girar, se hallaban en un bosque normal y corriente, era completamente igual a los que estaban acostumbrados a ver. Pero entonces la cosa cambió súbitamente.
De entre la maleza apareció un grifo. <<Una criatura estupenda>>, pensó Nayn con poco temor. Era impresionante, aunque no tanto como Sorend.
Tenía cabeza de águila, cuerpo y cola de león y patas también de águila. Unos impresionantes ojos azules, tan impresionantes porque el color del mar inundaba los iris de aquella criatura. Era del tamaño de Sorend. Los miraba con desconfianza y cierto respeto sin embargo, aunque también con un brillo de desafío en aquellos ojos color mar. Agitó la cola y para la sorpresa de los chicos, la criatura habló con una voz embriagadora y suave. Debía ser una hembra.
-Hola, Sorend –saludó la criatura-. ¿Son estos los chicos de los que habla la profecía?
-En efecto, Nora –sonrió el fénix-. Chicos, esta es mi… compañera.
Nayn dio un paso al frente.
-Mis… mis más cordiales saludos –tartamudeó-.
-Estos humanos… -se rió Nora-. No tienes de qué temer, chico, no te voy a comer, ¿sabes?
-Lo sentimos, nuestro amigo es un poco desconfiado –explicó Samantha con una risilla baja-. Me llamo Samantha y este miedoso se llama Nayn.
-Y yo Son –añadió impaciente-.
-He leído lo máximo que he podido acerca de vosotros. Sois impresionantes. Realmente impresionantes –cambió ella de tema aunque sin retirar la sonrisa de su cara-.
-Ya nos habló de eso Sorend –dijo Nayn-.
-Me gustaría saber más sobre Raiztd, si no es molestia. Querría conocer más acerca de sus razas, de sus lugares, de sus culturas, de sus costumbres… -pidió Samantha-.
-Yo te explicaré todas las cosas que quieras saber, Samantha –Nora habló con voz dulce-.
-Está bien, yo mientras iré enseñando cosas a este par –asintió Sorend, con un gesto hacia Son y Nayn-.



Samantha y Nora se dirigieron un poco más dentro del bosque. La chica seguía al grifo con gran interés, esperando encontrarse con una especie de cabaña de gran tamaño. Sin embargo, no encontró nada parecido a eso, únicamente un gran claro en el que se podía ver unas cenizas, como de una fogata que ya se había extinguido.
-Acomódate, tenemos mucho de qué hablar –hizo un gesto con su garra Nora señalando la hierba que crecía bajo sus pies-. ¿Qué es lo primero que me preguntarás?
-Me gustaría saber más sobre cada una de las razas que habitan este mundo –indicó ella, interesada-.
-Empezaremos por los leviatanes, las primeras criaturas que habitaron nuestro mundo, es decir, las que más historia tienen.
-Si no recuerdo mal, son unos dragones acuáticos, nada más…
-En eso te equivocas, niña –le corrigió, con una mirada penetrante que la hizo estremecer-. En nuestro mundo no, tienen una larga historia, como ya te he dicho. Si no va a haber más interrupciones prosigo.
-Adelante, adelante –enrojeció levemente la chica-.
-Bien. En los principios de Raiztd, como ya te he dicho, los leviatanes poblaron el mundo. Llegaron a tierra tras años de viaje por el mar. Al ver que no podrían sobrevivir sin agua, esta raza evolucionó enormemente haciendo de ellos unos temibles dragones de escamas de tonos azulados y con, además unas alas membranosas de color morado.
 >>Actualmente los leviatanes pueden respirar tanto en agua como en tierra, así que, ocupan una gran parte del territorio raiztdiano. Sabrás que nuestro mundo se divide en regiones y esto les daba una gran ventaja a los leviatanes, que en las numerosas guerras que tuvimos antaño conquistaron muchas tierras porque podían desplazarse por tierra, mar y aire, y eso hacía muy molesta a esta raza, hasta que llegó la paz a nuestro mundo. Hasta ahora, que esa paz ha desaparecido. Se ha predicho que se avecina un gran mal que podrá destruir todo Raiztd. Y sus habitantes con él.
Samantha enmudeció. Comprendió entonces de que eran ellos los chicos que irían y vencerían a ese mal tan horrible.
-Samantha, ¿prosigo con los Dhyuns?
Volvió a la realidad.
-¿Qué es eso?
-¿Prosigo? –sonrió enigmáticamente Nora-.
-Sí, por favor -asintió con una media sonrisa ella-.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Capítulo 6 - Viaje

Nayn había corrido a su casa para despedirse y explicarle todo esto a sus padres.
Había sido un desconcierto total, y al principio no se lo creían, pensaban que el chico estaba bromeando. Cuando por fin le creyeron en el rostro de sus padres podía verse claramente una sombra de tristeza gigante. Le había costado mucho hacerlos entrar en razón; su madre había llorado y su padre se había frustrado muchísimo. Sin embargo, el joven pensó que no podía decirles que el que venía a por él era un fénix para salvar su mundo, así que dijo que se tenía que marchar sin dar más explicaciones, aunque le preguntaron muchísimo por qué se quería ir, él, impasible no dijo nada, únicamente les comentó que les haría visitas en cuanto pudiera.
Se echó la mochila a los hombros, se terminó de despedir de sus padres y se marchó hacia el lugar donde habían quedado él, Samantha, Son y Sorend.



Los padres de Son no se preocupaban mucho por él, así que, cuando habló lo hizo sin rodeos:
-Papá, mamá, tengo que irme a un lugar lejano.
-Pues bueno –dijo atareado su padre; mirando para otro sitio-.
-¿Por qué? ¿Adónde? –la voz de su madre era muy dulce y parecía más preocupada por su hijo-.
-Tengo que cumplir mi destino –se limitó a decir el chico-.
-¿Pero a qué lugar? ¿Está tan lejos como dices?
-Sí, mamá, está muy lejos, incluso… -dudó- incluso es otro mundo.
Entonces su padre sí le presto atención.
-¿Qué quieres decir? ¿Has conocido a una chica, verdad? –creyó su padre-.
-No, es otro mundo literalmente. Tengo que marcharme para salvarlo y no hay más de que hablar –sus palabras sonaron duras-.
-Si así lo deseas no te lo puedo parar –dijo su padre-.
-Pero… -la madre de Son estaba muy preocupada-.
-Déjalo, él sabrá lo que hace –cortó-.
-Bueno, he de partir ya –terminó el chico, que estaba algo tenso-. Mis compañeros me estarán esperando.
Besó a su madre, le dio la mano a su padre y salió de la casa, con una mochila colgada a los hombros. Dicha mochila estaba llena de provisiones y más cosas útiles como una navaja. En el bolsillo del pantalón vaquero llevaba su teléfono móvil, que sacó para llamar a Nayn y a Samantha nada más salir de la casa. Ninguno contestó, así que les mandó un mensaje a cada uno:
“Ya voy para el polideportivo”.
Era el lugar que habían elegido para lugar de reuniones y para marcharse a Raiztd, ya que la energía se notaba en el ambiente había dicho el fénix tiempo atrás.
Cuando llegó, Samantha ya estaba allí con Sorend, que había pasado la noche en su casa. Nayn aún no había venido, era tardón y siempre lo había sido.
Se sentó al lado de la chica, con la espalda recostada sobre el tronco del árbol. Estaba nervioso. Iba a viajar a otro mundo con sus mejores amigos de la infancia, aunque le faltaba el cobarde de Renn, que había huido no hacía mucho de lo que se les avecinaba a aquellos aventureros chicos.
-Hola –cortó el silencio Samantha-.
-Hola, ¿estás nerviosa?
-Sí –dijo con una risilla baja la chica-.
-Es normal, yo también lo estoy –se rió Son-.
-Es que, es todo tan irreal –comentó Samantha mirando hacia el infinito-.
-Ya… ¡Ey! ¡Allí llega Nayn! –exclamó el chico señalando hacia un camino que iba desde la entrada hasta el lugar en el que estaban ellos-.
En efecto, corriendo y saludando con la mano se distinguía en la entrada la silueta del chico de cabellos marrones.
-¡Siento el retraso! –gritó el chico, jadeando-.
-Ya me había contado Samantha que eres un poco tardón –habló por primera vez en un rato el pájaro de fuego-.
-Sí… lo siento –se disculpó con una media sonrisa Nayn-.
-No pasa nada, pero ahora hemos de irnos, ¿lleváis lo esencial?
-Sí –asintieron los tres amigos a la vez-.
Cada uno llevaba una mochila colgada de los hombros en la que llevarían provisiones, ropa y algún útil que otro.
-Pues entonces en marcha –dijo animado Sorend-. Tengo ganas de volver a ver mi mundo –terminó con una media sonrisa-.
-Qué nervios… -susurró Nayn a Samantha-.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Capítulo 5 - Despedida


-¿Adónde irás ahora, Sorend? –era una buena pregunta; la había realizado Nayn-.
-No lo sé, me costaría mucha energía volver a Raiztd, y si mañana tenía planeado llevaros allí, no podría. Tendré que pensar un lugar seguro, tal vez…
-Mi casa esta noche está libre –interrumpió Samantha-. Mi madre suele estar fuera, y más los sábados. Y además, mi casa es muy grande y tengo una habitación en la que podrías caber.
-Eso es muy oportuno para mí, gracias Samantha –Sorend parecía muy agradecido, era difícil encontrar un lugar seguro en la Tierra para un fénix-.
-No hay de qué.


Llegaron al hogar de la joven. Como estaba a las afueras, nadie vio al pájaro legendario.
Era una casa grande, de color teja, con el tejado oscuro y con pinchos para la nieve. El pueblo de Nayn y los demás era muy frío y solía nevar constantemente en invierno.
Samantha y Sorend entraron en la casa, ella se aseguró de que su madre no estaba preguntando por ella al entrar. No había nadie, era un poco siniestra. Aquel lugar solitario, sobre todo cuando entraron porque estaba oscuro. Todo cambió cuando Sam encendió las luces.
Las dos criaturas entraron en el salón. Era una habitación amplia con un gran sillón que parecía muy cómodo, una mesa moderna y otros muebles. Las paredes eran de color gris blanquecino, cada una de distintos tonos.
-Bueno, esta es mi casita –dijo la joven con una amplia sonrisa-. Y aquí es donde dormirás –señaló con un gesto el comedor-.
-Está muy bien, he de reconocerlo, y aquí quepo de sobra, tenías razón –comentó el fénix con una media sonrisa-.
Se hizo tarde. Samantha había preguntado a Sorend que qué le apetecía comer y se había hecho la cena a ella sola porque él no tenía hambre y lo que comía, que era una especie de bayas, no crecía allí, en la Tierra.
Tras cenar, Sorend se dirigió al comedor para echarse en la inmensa alfombra y dormir hasta la mañana siguiente. Samantha había hecho lo mismo pero hacia su habitación.


Amaneció y Samantha se despertó antes que el pájaro de fuego. “Tendrá que dormir para recuperar fuerzas, dijo que costaba mucha energía moverse entre los mundos” pensó.
Se dirigió a la cocina para ponerse el desayuno cuando oyó como el sonido de una cerradura que se abría. No podía ser.
La madre de la chica entró en la casa. Tenía cara de sueño y cansancio. Aparte de eso, era una mujer bella, con el pelo oscuro y de un bonito color negro, aunque con los ojos de un color entre verde y azul cielo. Era joven y llevaba ropa moderna.
Samantha corrió a recibirla a la puerta de su casa. Con estrépito, cerró la del comedor en cuanto pasó para saludar a su madre.
-¡Hola mamá! ¿Has llegado pronto, no? –la joven estaba nerviosa y su madre lo notó, pero decidió disimularlo-.
-¿Acaso no te alegras de verme? –estaba malhumorada-.
-Por supuesto que sí –mintió ella-. Solo que me sorprendía que vinieses tan pronto.
-Ya, te veo nerviosa –comentó entrecerrando los ojos-.
-No, es que me has pegado un susto, pensaba que eras un ladrón que se estaba colando en casa –volvió a mentir Samantha-.
La manivela de la puerta del comedor se movió y las dos personas lo percibieron. La joven maldijo algo por lo bajo mientras que su madre retrocedió un poco, entre atemorizada y frustrada con su hija.
-Sam, ya estoy despierto… –dijo con un bostezo Sorend a la vez que abría la puerta-. Oh, vaya, he metido la pata.
-Sí, y hasta el fondo –se volvió la chica y dirigió una larga mirada hacia el fénix que se quedó asombrado ante la reacción de la muchacha-.
-Ya puedes ir explicándome esto, Samantha  -su madre no parecía atemorizada como los chicos al ver por primera vez a Sorend-.
-Hem… hola, me llamo Sorend y tengo una historia que contarte, pero antes me gustaría saber tu nombre, por favor –dijo un poco dudoso el fénix-.
-Me llamo Verónica, soy la madre de Samantha. ¿Eres un fénix? –preguntó sin rodeos la mujer-.
-Sí, y vengo de otro mundo. El mundo al que me tengo que llevar a tu hija para que nos salve junto con dos chicos más –explicó-.
-Lo siento, mamá, pero tengo que acompañarle, he de salvar Raiztd, su mundo. Está decidido –Samantha dudó un poco, sin embargo-.
Hubo un tenso silencio. Verónica miraba hacia abajo, con la mirada perdida y el fénix y la joven miraban a la madre de Samantha con un gesto de tristeza y, raramente, decisión. Estaban en un aprieto, sin duda.
-Está bien… -dijo en voz baja la madre de la chica-. Podré superarlo, supongo, pero tendrás que hacerme alguna visita para saber que estás bien. Te echaré de menos.
-Vale. Te haré visitas en cuanto pueda.
-Samantha, nos tenemos que ir. Tus amigos ya se habrán despedido –dijo Sorend interrumpiendo el tenso momento-.
-Es cierto –dirigiendo la mirada a su madre-. Lo siento, mamá, tengo que marcharme y…
-Lo entiendo, márchate –interrumpió-.
Su madre la besó en la mejilla, como solía hacer, y los dos, la chica y el pájaro de fuego se despidieron de la mujer y se marcharon