miércoles, 30 de noviembre de 2011

Capítulo 3 - "Explícame, ¿quieres?"

Nayn miró hacia arriba desesperado por su discusión. Al ver aquello no daba crédito a lo que divisaban a lo lejos sus ojos anaranjados como el atardecer. Avisó a sus amigos de aquello que había visto aquella tarde soleada debajo de la sombra del árbol más grande del polideportivo de su ciudad, con un grito de terror, curiosidad y sobre todo extrañeza:
-¡¡¿¿Qué es eso??!!
Los tres chicos miraron hacia arriba y vieron como un pájaro rojo, amarillo y naranja como el fuego descendía lentamente hacia ellos.
-Parece un… ¿pájaro de fuego? –respondió a Nayn Son-.
-¡Qué dices, tío! Eso no existe –dijo casi gritando Samantha-.
-Esperad, callaros, parece que desciende hacia aquí –susurró atemorizado Renn, que llevaba un buen rato sin hablar, cosa que era raro en él-.
Samantha, Nayn, Renn y Son aguardaron a que el fénix descendiera desde las alturas hasta ellos. Cuando lo tenían más cerca, los cuatro pensaron a la vez: “Un fénix, no puede ser”, pero no lo dijeron, ya que estaban completamente paralizados por el miedo.
El pájaro de fuego aterrizó delante de ellos, delante del árbol en el que estaban sentados los cuatro chicos. Cuando esto ocurrió, se levantaron a la vez de un salto, al ver que el fénix no les hacía nada, solo se posaba sobre sus poderosas garras en el suelo, desafiante, sereno y hermoso.
Sus plumas eran realmente impresionantes. Del color del fuego, combinaban miles de tonos de naranja, rojo y amarillo, cosa que hacía de él un espectáculo impresionante. Su pico era parecido al de los pájaros a los que estaban acostumbrados a ver Nayn, Renn, Samantha y Son. En su cabeza, muy por encima de sus ojos verdes, bastante extraños para ser de un fénix, se alzaban unas plumas más largas que las del cuerpo del pájaro, haciendo así una especie de cresta que recordaban a Nayn ese aura caliente que desprendía una llama.
No se parecía en nada a las imágenes de Internet, este tenía un aspecto de respetable, desafiante y temible que no tenían las irreales fotos y dibujos de las páginas Web.
El que más aterrado estaba de la pandilla era Son, que no pudo contenerse y al final habló:
-¡¡Vámonos de aquí ya!! –explotó-.
El fénix ladeó la cabeza como si no entendiera.
-Cállate –le dijo susurrando Samantha-. Puede que nos metas en un lío más grande del que ya estamos.
Son asintió con la cabeza sin decir nada.
Nayn creía saber por qué estaba allí el pájaro de fuego legendario.









Con movimientos lentos y cuidadosos, Nayn extrajo el libro de su mochila. Al principio sus amigos no sabían por qué lo hacía, pero pronto comprendieron.
Sin dejar de mirar al fénix, Nayn, atemorizado, dejó en el suelo aquella especie de Nekromikón, como ofreciéndoselo al gran pájaro que se alzaba delante de ellos con un brillo desafiante en sus ojos verdes.
El pájaro por fin hizo algo que era más “lógico”. En un momento, con su enorme pico, abrió el volumen y pasó páginas hasta dar con una en la que aparecía una pequeña ilustración en la que Nayn no había puesto demasiada atención. Señaló el dibujo, y golpeó suavemente los extraños caracteres.
-Creo que quiere decirnos algo sobre el libro, pero no podemos leerlo –entendió Renn-.
Pareció que el fénix hubiera comprendido lo que dijo el joven. Como si hubiera asentido con la cabeza, como si entendiera a la perfección su idioma.
Expulsó un graznido poderoso y abrió las alas, una pequeña llamarada azul estalló.
Samantha pudo ver como los caracteres del libro de Nayn se transformaban en las letras que tan bien conocían ellos.
-No puede ser, ¿qué está pasando? –dijo Son, que estaba muy confundido-.
-Creo que nos hemos metido en un lío muy interesante… -comentó con una media sonrisa Samantha a la que le gustan mucho estas cosas-.
Nayn volvió a coger el libro, esta vez pudo leer sin ningún problema lo que ponía en su portada, intuía que era el título, que así decía:
El Libro del Fénix Ardiente.
Son lo leyó a la vez que Nayn, aunque le costó reaccionar, acabó preguntándole al fénix que qué significaba aquello. Sus amigos pensaron que era absurdo preguntar.
-Dime una cosa, Son, ¿tú crees que el fénix te entenderá de verdad? –preguntó Samantha con un tono sarcástico que no le gustó nada a el joven-.
Cuando Son iba a responder, una voz grave pero acogedora se le adelantó:
-No, niña, tu amigo ha hecho una buena pregunta.
Los chicos quedaron asombrados. Era el legendario pájaro de fuego quien había hablado. Los cuatro a la vez lo miraron con un brillo de desconfianza en sus ojos, menos la aventurera Samantha, que más bien lo observaba con gesto desafiante y curioso a su vez.
-Creo… creo que me voy a largar de aquí –dijo bajando la voz Renn, que desde siempre había sido muy cobarde-.
-No te puedes ir así, Renn –dijo subiendo un poco el tono Nayn-. Nos has ayudado bastante y además, no quiero que te vayas, eres mi amigo y estamos juntos en… ¡Eh! ¿Adónde ha ido?
Nayn no pudo terminar de hablar, Renn había echado a correr y era el que más velocidad alcanzaba de su clase, así que no había nada que hacer.
Samantha maldijo algo que no pudieron oír sus amigos, ya que lo dijo en voz demasiado baja.
-Hm… ese chico era muy cobarde, sí –comentó el fénix-.
Se habían olvidado de ello. De que estaban enfrente de aquel bello pájaro. Del extraño libro que antes era ilegible y ahora era tan posible leerlo como cualquier diccionario o volumen que se les ocurriera.
-¿Para qué has venido aquí? ¿Acaso porque hayamos encontrado eso –dijo Son señalando el libro- significa que tenemos que morir por descubrir que existen razas de criaturas fantásticas?
-No, desde luego que no. Es todo lo contrario.
-Explícate –dijo impaciente Samantha-.
-Según gentes que adivinaron muchas de las catástrofes naturales de mi mundo, habrá dos chicos y una chica que encontrarán uno de los tomos de nuestros libros y vendrán a Raiztd a derrotar a un mal que es todavía desconocido para nosotros.
Los tres amigos se quedaron estupefactos al oír las palabras del  pájaro legendario.
-Entonces, eso significa que… no puede ser, es demasiado irreal para ser verdad –a pesar de ser muy arriesgada, Samantha no podía evitar temer a lo que les deparaba el futuro-.
-Sí, Sam, al parecer nos hemos metido en un lío de narices… -comentó Nayn; le tenía mucho cariño a Samantha, y era el único al que ella dejaba que llamara Sam a su amiga-.
Son se había quedado sin palabras, pero una cosa tenía clara: no iba a huir como había hecho no mucho tiempo antes su amigo Renn, que ahora tenía por cobarde. No podía retenerse más:
-¡Maldito sea Renn! ¡Nos ha dejado con el culo al aire! –opinó violentamente Son-.
-Admito que vuestro amigo haya sido un cobarde huyendo, pero tampoco pasa nada. Los habitantes de mi mundo solo hablaron de tres chicos, no de cuatro –dijo el fénix suavemente-.
-Tienes razón. Siento mi grosería… -se disculpó Son-.
-Sí, pero ahora, alguien nos debe muchas respuestas –dijo Nayn desviando la mirada hacia el fénix-.
-Es cierto, preguntad lo que queráis, y poneos cómodos, supongo que vuestras cuestiones van a ser numerosas.
Los amigos se sentaron y se acomodaron apoyándose en el árbol.

1 comentario:

  1. ¡¡Me encanta!! Muy buena la descripción del fénix ;) Pues está muy bien. Espero más :D
    ¡Un beso!

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