domingo, 25 de diciembre de 2011

Capítulo 10 - El hermano de Nora

-Los grifos somos una raza con una naturaleza muy curiosa –prosiguió Nora-, por esta razón nos encontrábamos con muchos problemas en Raiztd antiguamente. Tan curiosos éramos que divisamos una cueva; el hogar de unos Dhyuns, y no se nos ocurrió otra cosa que explorar allí. Esto nos pasó a mi familia y a mí cuando yo no tenía más de diez años. Imagínate; una masacre tremenda –estas y las siguientes palabras las pronunció con una sombra de tristeza en su voz-. Mis… mis padres murieron, mis hermanos también. Solo sobrevivimos mi hermano Iendo y yo.
Samantha se quedó atónita.
-Lo… lo siento –dijo la chica, con todo el respeto que pudo.
-No, lo siento yo, me he ido del tema radicalmente –respondió en voz baja Nora, aún con tristeza en sus palabras.
-No hace falta que sigas explicando tu raza -alivió a Nora Samantha después de un tenso silencio.
-Está bien, entonces te diré lo que tiene pensado Sorend hacer con vosotros para que podáis sobrevivir en Raiztd.
Tras que la grifo le explicara todo los de las espadas, prosiguió con lo que el fénix tenía pensado para ella.
Como es natural, Samantha se quedó muy sorprendida al escuchar aquello de las espadas. “En nuestro mundo no se lo creería nadie”, le había dicho tras oírlo.
Cuando la chica se tomó un tiempo para ordenar toda esa información en su cabeza, pidió que siguiera  explicando lo que tenía pensado Sorend para ella.
-Vale. Te sorprenderá oírlo pero… tú vas a tener poderes mágicos.
-Espera, espera… ¿Qué has dicho? –cuestionó ella, con sus ojos negros muy abiertos.
-Lo que has oído –respondió la grifo con una enigmática sonrisa.
No se lo terminaba de creer. Aquello era tan… tan irreal que parecía sacado de la mitología o de un libro de ficción.
Una chica maga, un chico con una espada ígnea y otro chico con una espada de oscuridad. Extraño. Simplemente extraño.



Los chicos y las criaturas se reunieron de nuevo en la cascada en la que estaban Nayn, Son y Sorend. Los amigos hablaron entre ellos de todo lo que habían aprendido del fénix y la grifo. Cuando Samantha les dijo que ella iba a tener poderes mágicos, Nayn y Son se quedaron realmente impresionados; pero más impresionada se quedó la chica cuando vio a Nayn utilizar la espada de fuego.
Entonces, un movimiento entre la maleza. Y apareció otro grifo. Mucho más grande que Nora. “Será un macho” pensó Son, y tenía razón. Era impresionante, más que la hembra pero menos que Sorend. ¿Qué iba a haber más impresionante que un fénix? Sin embargo, seguía siendo increíble. Tenía unas alas en apariencia más fuertes que las de Nora; unas garras más perfectas y una cola que podría hacer la función de cien escobas. Pero lo que más resaltaba eran sus ojos. Unos ojos en los que Nayn se fijó en cuanto los vio. Del mismo color que los del chico, pero con un brillo especial en ellos. Resultaban demasiado parecidos a los de él. Esto le resultó extraño a Samantha: que sus ojos se parecieran tanto. Pero ahora tocaba que aquel grifo se presentara.
-Nora –dijo, pero se interrumpió al ver a los chicos que estaban a su alrededor-. Espera un momento… ¿Son humanos? –añadió estupefacto, sin poner atención en Sorend.
-Sí. Estos son los humanos de los que hablan los adivinos –respondió Nora.
-Impresionante… -Opinó él.
-¿A qué has venido? –preguntó impaciente ella.
-¿Podrías venir a ver esto, por favor? -dijo sin responder a la pregunta.
La grifo miró a Sorend y a los niños. El fénix asintió y Nora siguió al otro grifo hacia la espesura.


Samantha se sentó en el suelo, y esta vez, dejó que la hierba se enredara entre sus dedos y jugueteara con ellos. Son la imitó, pero Nayn no. Estaba nervioso. Aquel grifo tenía los ojos muy parecidos a los suyos.
-Nayn, creo que deberías sentarte –dijo Sorend-. Voy a presentaros a ese grifo.
Nayn se sentó en el césped y le sorprendió que se moviera solo, pero no tardó en acostumbrarse.
-Aquel grifo es un macho, y el hermano de Nora. Se llama Iendo
“Como había supuesto” pensó Samantha.
-Solo quedan ellos dos de su familia, los demás murieron en una batalla contra unos Dhyuns –prosiguió.
-Sí, a mí me lo contó ella –cortó Samantha.
-Ya me lo había imaginado –replicó el fénix-. Pero, lo que no entiendo, es por qué le ha llamado ahora.
-Ha dicho que tenía que ver algo allí –respondió Son señalando hacia el lugar por donde se habían ido.
Samantha se tumbó en el césped y suspiró.
-Ya volverá, no os preocupéis –dijo ella con un nuevo suspiro.
Y Son volvió a seguir su ejemplo tumbándose en la hierba. Pero Nayn seguía inquieto.
-¿Qué te pasa, Nayn? –preguntó Samantha dándose cuenta de que estaba intranquilo.
-No puedo dejar de pensar en que Iendo tenía los ojos iguales a los míos –respondió en voz baja.
Samantha se incorporó y suspiró de nuevo.
-Ya aclararemos las dudas cuando lleguen ellos. Ahora descansa, hemos tenido un día movidito –dijo con una cálida sonrisa la chica.
-Tu amiga tiene razón. Nayn, descansa un poco –asintió a la vez que se tumbaba Sorend.
-Sí... -asintió, pero sin dejar de pensar en los ojos de aquel grifo.

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