viernes, 2 de diciembre de 2011

Capítulo 5 - Despedida


-¿Adónde irás ahora, Sorend? –era una buena pregunta; la había realizado Nayn-.
-No lo sé, me costaría mucha energía volver a Raiztd, y si mañana tenía planeado llevaros allí, no podría. Tendré que pensar un lugar seguro, tal vez…
-Mi casa esta noche está libre –interrumpió Samantha-. Mi madre suele estar fuera, y más los sábados. Y además, mi casa es muy grande y tengo una habitación en la que podrías caber.
-Eso es muy oportuno para mí, gracias Samantha –Sorend parecía muy agradecido, era difícil encontrar un lugar seguro en la Tierra para un fénix-.
-No hay de qué.


Llegaron al hogar de la joven. Como estaba a las afueras, nadie vio al pájaro legendario.
Era una casa grande, de color teja, con el tejado oscuro y con pinchos para la nieve. El pueblo de Nayn y los demás era muy frío y solía nevar constantemente en invierno.
Samantha y Sorend entraron en la casa, ella se aseguró de que su madre no estaba preguntando por ella al entrar. No había nadie, era un poco siniestra. Aquel lugar solitario, sobre todo cuando entraron porque estaba oscuro. Todo cambió cuando Sam encendió las luces.
Las dos criaturas entraron en el salón. Era una habitación amplia con un gran sillón que parecía muy cómodo, una mesa moderna y otros muebles. Las paredes eran de color gris blanquecino, cada una de distintos tonos.
-Bueno, esta es mi casita –dijo la joven con una amplia sonrisa-. Y aquí es donde dormirás –señaló con un gesto el comedor-.
-Está muy bien, he de reconocerlo, y aquí quepo de sobra, tenías razón –comentó el fénix con una media sonrisa-.
Se hizo tarde. Samantha había preguntado a Sorend que qué le apetecía comer y se había hecho la cena a ella sola porque él no tenía hambre y lo que comía, que era una especie de bayas, no crecía allí, en la Tierra.
Tras cenar, Sorend se dirigió al comedor para echarse en la inmensa alfombra y dormir hasta la mañana siguiente. Samantha había hecho lo mismo pero hacia su habitación.


Amaneció y Samantha se despertó antes que el pájaro de fuego. “Tendrá que dormir para recuperar fuerzas, dijo que costaba mucha energía moverse entre los mundos” pensó.
Se dirigió a la cocina para ponerse el desayuno cuando oyó como el sonido de una cerradura que se abría. No podía ser.
La madre de la chica entró en la casa. Tenía cara de sueño y cansancio. Aparte de eso, era una mujer bella, con el pelo oscuro y de un bonito color negro, aunque con los ojos de un color entre verde y azul cielo. Era joven y llevaba ropa moderna.
Samantha corrió a recibirla a la puerta de su casa. Con estrépito, cerró la del comedor en cuanto pasó para saludar a su madre.
-¡Hola mamá! ¿Has llegado pronto, no? –la joven estaba nerviosa y su madre lo notó, pero decidió disimularlo-.
-¿Acaso no te alegras de verme? –estaba malhumorada-.
-Por supuesto que sí –mintió ella-. Solo que me sorprendía que vinieses tan pronto.
-Ya, te veo nerviosa –comentó entrecerrando los ojos-.
-No, es que me has pegado un susto, pensaba que eras un ladrón que se estaba colando en casa –volvió a mentir Samantha-.
La manivela de la puerta del comedor se movió y las dos personas lo percibieron. La joven maldijo algo por lo bajo mientras que su madre retrocedió un poco, entre atemorizada y frustrada con su hija.
-Sam, ya estoy despierto… –dijo con un bostezo Sorend a la vez que abría la puerta-. Oh, vaya, he metido la pata.
-Sí, y hasta el fondo –se volvió la chica y dirigió una larga mirada hacia el fénix que se quedó asombrado ante la reacción de la muchacha-.
-Ya puedes ir explicándome esto, Samantha  -su madre no parecía atemorizada como los chicos al ver por primera vez a Sorend-.
-Hem… hola, me llamo Sorend y tengo una historia que contarte, pero antes me gustaría saber tu nombre, por favor –dijo un poco dudoso el fénix-.
-Me llamo Verónica, soy la madre de Samantha. ¿Eres un fénix? –preguntó sin rodeos la mujer-.
-Sí, y vengo de otro mundo. El mundo al que me tengo que llevar a tu hija para que nos salve junto con dos chicos más –explicó-.
-Lo siento, mamá, pero tengo que acompañarle, he de salvar Raiztd, su mundo. Está decidido –Samantha dudó un poco, sin embargo-.
Hubo un tenso silencio. Verónica miraba hacia abajo, con la mirada perdida y el fénix y la joven miraban a la madre de Samantha con un gesto de tristeza y, raramente, decisión. Estaban en un aprieto, sin duda.
-Está bien… -dijo en voz baja la madre de la chica-. Podré superarlo, supongo, pero tendrás que hacerme alguna visita para saber que estás bien. Te echaré de menos.
-Vale. Te haré visitas en cuanto pueda.
-Samantha, nos tenemos que ir. Tus amigos ya se habrán despedido –dijo Sorend interrumpiendo el tenso momento-.
-Es cierto –dirigiendo la mirada a su madre-. Lo siento, mamá, tengo que marcharme y…
-Lo entiendo, márchate –interrumpió-.
Su madre la besó en la mejilla, como solía hacer, y los dos, la chica y el pájaro de fuego se despidieron de la mujer y se marcharon

1 comentario:

  1. ¡Me encantó! Jo, que pena, pobrecita la madre de Sam... :S
    Sigue así :D
    ¡Un beso!

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