domingo, 18 de diciembre de 2011

Capítulo 9 - Espadas de otro mundo

Sorend se internó en la espesura de nuevo. Les dijo a los chicos que aguardaran a que él volviera.
Tras unos minutos, el fénix volvió de entre los árboles. Nayn y Son se quedaron atónitos cuando vieron lo que traía consigo.
Dos espadas tan relucientes que no parecían espadas normales, además de su extraño aspecto. No se parecían a las que habían imaginado los chicos, ellos pensaban que iba a traer algo medieval y rudimentario, para la sorpresa de los amigos, las armas no eran así.
El fénix se dispuso a darle una a cada uno.
La que entregó a Son era de color oscuro, muy negro. Tenía una empuñadura que a primera vista parecía dura, pero pronto, Son descubrió que las apariencias engañan más en Raiztd que en la Tierra. El arma parecía pesada e incómoda pero era todo lo contrario. Se quedó estupefacto. Su filo era de una forma extraña, aunque raramente familiar hacia el chico, su aspecto lo hacía amenazador, ya que parecía una especie de acumulación de oscuridad, con la punta afilada y los bordes extrañamente lisos. La probó dándole una estocada con todas sus fuerzas al tronco de un árbol joven. Lo cortó en dos partes. Otra vez, Son se sorprendió. Pero ahora era el turno de Nayn.
El fénix entregó a Nayn una espada de color un color naranja que recordaba mucho al de sus ojos, el color del atardecer. La espada de Nayn tenía un aspecto más amenazador que la de Son. Tenía un filo con forma semejante al de las llamas del fuego. Los chicos no sabían si aquello de que cada una de las espadas se pareciera a un elemento significaba algo. Nayn cogió al arma entre sus manos y sintió como si un torrente de energía le invadiera por dentro. No pudo evitarlo. Asestó un fuerte golpe contra el suelo. Una pequeña onda expansiva de fuego salto y quemó una parte del césped que estaba alrededor del lugar donde Nayn había dado aquel golpe con su espada.
El chico abrió los ojos de par en par y exclamó:
-¡Impresionante!
-Ya te digo… -dijo, a una distancia prudente, Son.
-He hecho bien entregándote a ti la espada de fuego –sonrió Sorend. ¿Y tú? ¿He hecho bien en darte esa? –miró a Son.
-Ehm… No sé cómo se utiliza –confesó.
-Tu amigo tampoco sabía y ha quemado el suelo –dijo el fénix con retintín.
-Eso es cierto, pero yo solo he partido el tronco de un árbol joven, sin causarle efectos secundarios, y mi espada parece de oscuridad –objetó él.
Sorend sonrió.
-¿En serio lo crees? –dijo, con un tono que hizo estremecer a los chicos.
-¡Son, mira aquello! –gritó Nayn señalando hacia donde estaba el árbol partido al que el chico le había dado con la espada.
Son abrió los ojos de par en par.
La planta que había estado allí sin hacer ningún mal, ahora estaba negra y se deshacía en el aire, como consumida por un agujero negro invisible para ellos.
-Retiro todo lo que he dicho –se disculpó Son.
Y miró a su espada y sonrió con diversión.
-Esta espada me va a gustar –volvió a sonreír el joven.
-Y a mí también la mía, Son –lo miró Nayn.
Y Son rió por lo bajo, de una forma, que hizo estremecer al mismísimo Sorend. Él no sabía qué significaba esa aterradora risa, pero no parecía tener nada de bueno. Sin embargo, Nayn conocía a la perfección a su amigo. Sabía que él no haría nada malo, era un “trozo de pan”, como él lo llamaba en ocasiones.
Antes de que el fénix pudiera darse cuenta, Nayn y Son ya habían vuelto a coger sus espadas. Al unísono y señalándose el uno al otro, dijeron:
-¡Quiero batirme en un duelo con él!
Sorend se quedó tan atónito de aquella reacción que tuvieron los chicos, que no tuvo más remedio que sonreír y decir, con tono un poco socarrón:
-Está bien pero cuidado de no mataros.
Y los chicos se enzarzaron en una pelea en el que la oscuridad y el fuego de aquellas extrañas espadas “tenían luz propia”.
Los aceros chocaron el uno contar el otro haciendo saltar chispas y unas esferas que flotaban, que eran negras y recordaban mucho al petróleo. Fue una lucha encarnizada. No quedó vencedor ninguno de los dos, simplemente quedaron empate.
-Eres bueno –confesó Son; sonriendo.
-Tú tampoco eres malo –rió Nayn.
-Sois buenos –y este “sois” que dijo Sorend lo resaltó notablemente-. Más buenos de lo que yo pensaba. Parecéis instruidos desde antes… ¿habéis tenido alguna experiencia?
-La verdad es que no… -confesó Nayn.
-Bueno… yo una vez fui de excursión a un castillo medieval y… cogí una espada sin que nadie se diera cuenta y destrocé un árbol de fuera –dijo Son.
-¡Claro! Por eso se montó todo ese revuelo.
Nayn le dio un suave empujón a su amigo en señal de broma.
-Ay, qué chico… -se rió por lo bajo Sorend.

1 comentario:

  1. O_o Mola ^^ Jajaja Que bruto ahí con la espada xD
    ¡Un beso y no tardes en subir!

    ResponderEliminar